Lo que se hace o dice públicamente puede impactar de tal
forma a una audiencia, que ésta cambie radicalmente de
manera de pensar. No en vano, conocidos políticos y personalidades
han comprobado en carne propia el rigor de estos efectos.
SI
POR UN LADO hay mensajes que pueden caer como anillo al dedo
y generar una clara empatía con el público, hay
otros que se convierten en un peligroso boomerang causante de
fatídicos resultados. A continuación, cinco hechos
mediáticos contundentes del panorama nacional e internacional,
que ganaron un lugar en la memoria colectiva durante los primeros
cinco años del siglo.
DE LA PATADA
Todos
recuerdan el incidente aquel en el que el líder del APRA,
Alan García
Pérez, le propinó un puntapié a un seguidor
suyo que se interpuso entre él y la nube de periodistas
que cubrían el evento. Desde luego, las cámaras
y reporteros registraron el hecho, y éste se ha convertido
en caso de estudio en el mundo de la consultoría mediática.
García Pérez y su partido manejaron con evidente
torpeza esta crisis que no hubiera llegado a afectar sus posibilidades
como candidato, si se hubiese disculpado de inmediato con el
agraviado. Como se recuerda, García desapareció del
foco mediático por algunos días y varios líderes
de su partido esgrimieron toda clase de excusas para tratar de
justificar lo que era, a todas luces, injustificable.
Sobre esto,
hay dos principios básicos en el manejo de toda crisis
de comunicación que deben recordarse: cuando una de las
partes se ausenta, la otra toma su lugar (en este caso lo hicieron
los opositores de García) y segundo, “sólo
los tontos no reconocen sus errores”. Esta última
frase, por cierto, pertenece a Bill Clinton, quien así asumió públicamente
su responsabilidad en el escándalo Lewinsky en la primera
entrevista que concedió, cuando finalizó el proceso
legal, a la cadena CBS.
MENSAJE EN LA PARED
“Señores
políticos: Queremos promesas, no realidades”. En
comunicación mediática frases como ésta
se denominan soundbites, pero en este caso no la dijo nadie,
sino que apareció pintada a mediados del 2001 en una pared
en el centro de Buenos Aires, cuando Argentina atravesaba la
peor crisis política, económica y social de su
historia. Eran los tiempos del infame “corralito”,
de los Presidentes que duraban 3 semanas y del deterioro galopante
y progresivo de una clase media que no tenía, literalmente,
ni para comer. En situaciones como aquélla, aflora muchas
veces la filosofía popular. Y la frase, en medio de tan
difícil coyuntura de frustración y desesperanza,
no requiere de mayor análisis.
BUENOS REFLEJOS
El reelegido
presidente de los EE.UU., George W. Bush, no se ha distinguido
precisamente por sus dotes de comunicador. Pero a la mayoría
de consultores mediáticos nos resulta claro que Bush hizo “click” con
los norteamericanos en aquella improvisada rueda de prensa en
la Zona Cero, a pocas horas de ocurrido el atentado contra las
Torres Gemelas en Nueva York: cuando un transeúnte le
gritó a la distancia “no le escucho”, la rápida
y firme respuesta de Bush fue “pero yo sí te escucho
y el mundo entero también nos va a escuchar”. En
aquel momento, Bush se posicionó mediáticamente
en su rol como “líder y protector de los Estados
Unidos frente al terrorismo mundial”. Ese posicionamiento,
en mucho, explica su triunfo frente al demócrata Kerry
en las últimas elecciones.
GUIÓN SINIESTRO
Por
su parte, la fría mentalidad asesina y calculadora de
los terroristas no descuidó el efecto mediático
aquella mañana del 11 de setiembre del 2001, en Nueva
York. Entre el atentado contra la primera torre y la segunda,
transcurrieron intencionalmente varios minutos, para dar tiempo
a que las cámaras de las diferentes cadenas de televisión
transmitieran los precisos instantes en que se producía
el choque del segundo avión contra la torre que aún
permanecía intacta. Efectivamente, estas impactantes imágenes
dieron la vuelta al mundo.
SE APAGÓ EL LUCERO
Un buen
momento mediático puede significar el auge de un artista,
y un mal momento, su ocaso. En el 2003, la cantante mexicana
Lucero ofrecía una conferencia de prensa en Ciudad de
México y se produjo un incidente cuando uno de sus guardaespaldas
desenfundó su pistola y apuntó amenazadoramente
a un reportero que se acercó insistente a la también
popular actriz. Una vez más el manejo de la crisis fue
atroz: varias horas después que las imágenes en
vídeo de este incidente habían sido difundidas,
y agriamente comentadas por toda la prensa, Lucero ofreció una
conferencia de prensa en la que no sólo no se disculpó por
lo sucedido, sino que respaldó y justificó públicamente
a su guardaespaldas.
En ese instante, Lucero no sólo se
ganó el repudio de toda la prensa mexicana, sino del público
en general. Recién hoy, tras casi 3 años de cura
de silencio y total ausencia del mundo del espectáculo,
la conocida artista ha empezado a reencontrarse con el público
azteca.
Como vemos, en cuestión de comunicación
mediática nunca se debe bajar la guardia, ya que siempre
habrá una oportunidad para ganar puntos, o todo lo contrario.